A eso de las 9 de la mañana, nos vinieron a recoger al hotel. Esta vez no era una de esas furgonetas grises tan comunes en este tipo de excursiones. Lo que nos esperaba a la puerta del hotel era un camión pequeño donde la gente iba subiendo a la parte trasera que estaba adecuada con bancos de madera a lo largo del remolque. Eso si, con techo de lona, cubierto por si llueve, un gran adelanto...
El camión fue recogiendo a lo largo del recorrido a más gente por diferentes hoteles, y una vez lleno, nos dirigimos a la oficina de la agencia de viajes donde nos apeamos y nos toco esperar. Allí había un montón de gente, una locura. Todos estábamos esperando a que nos dijeran dónde teníamos que ir. En el mismo día la agencia de viajes organizaba varias excursiones:
- Excursión a las Islas Phi Phi en Speed boat (fueraborda).
- Excursión a las 4 Islas en Speed boat
- Excursión a las 4 Islas en Longtail boat (la nuestra).
- Excursión a las 5 Islas en Longtail boat.
- Lo primero es que lo que explicaba, la mayor parte de las veces lo decía en Thai, no en inglés.
- Lo segundo es que lo poco que decía en inglés quedaba eclipsado por el estruendo del motor.
Total, que la mejor opción era disfrutar de un paisaje hermoso, disfrutar del viaje y a esperar el primer destino.
Carteles de evacuación en caso de Tsunami en Poda Island
De allí nos fuimos a la segunda de las islas: Chicken Island. Su nombre, algo gracioso y curioso, se debe a una roca con forma de cabeza de pollo.
En esta isla tan peculiar, paramos a practicas Snorkel. Nos dieron la máscara y el tubo y todos al agua...bueno, todos los que les apeteciera hacerlo, claro.

¡¡Una pasada!! Aunque el día se empezaba a nublar un poquito, la temperatura era maravillosa y la luz que entraba nos permitía ver con claridad el fondo marino.
Todo lleno de coral, con un montón de peces de preciosos colores, peces grandes, peces pequeños, peces solitarios, o nadando en grupo. Era muy divertido centrarse en un pez determinado y tratar de seguirle...al final te despistabas un poco y le perdías de vista.
El Snorkel es el paso previo al submarinismo, una actividad que te permite descubrir todo un mundo de gran belleza, poniendo un toque romántico a tu tiempo libre. Sólo hace falta saber nadar, un par de gafas y un tubo. TODO UN LUJO PARA TUS SENTIDOS.
Con la inmersión nos sentíamos libres, nos invadía una agradable sensación de ingravidez, de tranquilidad pero también de emoción. Experimentamos un cúmulo de sensaciones y creerme... ¡te engancha! Va a ser difícil olvidar esta experiencia enriquecedora. La visión dentro del agua es espectacular. ¿Te imaginas nadar al lado de un calamar? ¿Percibir nuevos colores cuando la luz de sol penetra a través del agua y acaricia el fondo del mar, las algas, los corales? ¿Descubrir una fauna diferente y mucho menos “inquieta” que la terrestre? ¿Nuevas plantas? Y todo en una calma total, sólo alterada por la respiración...pues eso fue lo que nosotros sentimos y descubrimos.
Después de la experiencia del snorkel, que recomiendo a todo el mundo, regresamos a la barca y emprendimos rumbo a la tercera de las islas...
TUP ISLAND...
En esta isla íbamos a parar a tomar el lunch que estaba incluido en el tour. Tup Island es una preciosa isla de fina y blanca arena, muy hermosa y paradisiaca, donde cuando la marea baja, aparece una franja ancha de arena que divide el mar en dos, creando, así, dos playas, una enfrente de la otra. De esa forma, las dos islas que se forman están conectadas por una lengua de fina arena.Aquí estábamos todas las excursiones, o al menos la mayoría, porque la orilla estaba llena de barcas y de lanchas. No se cuantos turistas estaríamos allí en ese momento...lo que si se es que nada más darnos el lunch (arroz con pollo y verduras) nos bajamos todos de la barca y a comer...cada uno donde pudiera. A partir de aquí empezó nuestro peculiar INFIERNO.
Como por arte de magia, en cuestión de segundos, todo ocurrió muy rápido, lo que era un jornada placentera, donde lo cierto es que el sol estaba oculto entre alguna nube, pero sin más, a lo lejos se divisaba una especie de cortina, como si fuera una densa niebla, de un color sospechosamente grisáceo oscuro, que ocultaba todo lo que por aquella zona pudiese existir.
Lo que yo pensaba que era niebla resultó ser la tormenta de agua más extraña que jamás antes había visto. En segundos, aquella cortina de agua que se encontraba en la distancia, llegó a nosotros a tal velocidad que nos pilló a todos de sorpresa. Unos dentro del agua, otros dando un paseo por la orilla, otros, como era mi caso, degustando el manjar de arroz, pollo y verduras sentado en una roca. De repente, fui testigo, junto a los cientos de turistas que nos encontrábamos allí, de un fenómeno antes nunca visto. El cielo se abrió y nos regaló un regalo estelar en forma de gruesas gotas de agua, racheadas con un fuerte viento que hacía imposible permanecer en la orilla, puesto que todo lo que llevabas contigo se lo llevaba el viento.
Aquel fuerte aguacero, tormenta, diluvio o como queramos llamarlo, nos pilló a todos fuera de juego. Marta optó por meterse dentro del agua, pues allí se encontraba mucho más cálida (recordar la excelente temperatura del agua) Yo, en cambio, continué sentado en mi roca, intentando terminar mi plato de arroz, yo tenía hambre y no me iba a detener una tormenta, por muy exótica y tropical que sea, de mis intenciones culinarias. Sujetando con un pie la mochila, con una mano el recipiente de la comida y con la otra mano el tenedor, logré terminar mi objetivo, eso si, mojado hasta la médula y con frío, pues gracias al viento que acompañaba la lluvia, la sensación térmica había descendido.
La gente corría a refugiarse a sus barcas, y claro, esta gente ha de cumplir un horario en sus excursiones, y por mucha tormenta que aprecie no van a modificarlo, por lo que si nos dieron una hora para comer, una hora tuvimos que esperar mientras seguiamos "disfrutando" de aquella tormenta.
Haceros a la idea. Todos sentados en nuestros asientos de la barca viendo pasar el tiempo hasta que llegase el momento de salir de allí rumbo a Dios sabe donde...todos empapados de agua, utilizando las toallas o los chalecos salvavidas a modo de parapeto para cubrirnos y refugiarnos del azote del agua y el viento. El grupo de jóvenes de Bangkok, que en teoría deberían estar más acostumbrados a estas cosas eran los que pero lo estaban llevando. Eso de estar mojados y pasando frío no entraba dentro de los planes.
Por fin llegó la hora y abandonamos Tup Island. Aquel motor con aquel ruido infernal empezó a rugir...bendito sonido...Una a una, todas las embarcaciones fueron abandonando la isla rumbo cada una de ellas a su destino. El nuestro era la cuarta y última isla: PHRA NANG CAVE (THE PRINCESS BAY) una cueva donde dicen que se encuentra el espíritu de una princesa local muy respetada y venerada por la gente local...El viaje era largo.
Os juro que en mi vida he pasado más miedo que en este viaje rumbo a la última de las islas. Lo que aconteció en el trayecto fue infernal...fuimos testigos de una autentica tormenta, un inicio de monzón. Todos los que íbamos en la barca estábamos acojonados y con el mie
do en el rostro. Imagínate la papeleta. Te encuentras en medio del mar, con una tormenta encima tuyo azotando de lo lindo (la foto es real).
No se veía nada de nada en 500 metros a la redonda. Íbamos a ciegas, o al menos eso creía. Ni una silueta de otras islas, ni un ruido de barcas cerca, nada de nada. Tan sólo el estruendo de los rayos cayendo al mar muy cerca nuestro provocando unas explosiones de infarto. el mar empezó a enfadarse y las olas comenzaron a agitarse de manera que la barca subía y bajaba en un baile nada agradable. Además la lluvia seguía azotando junto al viento fuerte, de manera que ni las toallas ni los chalecos salvavidas servían de mucho. Me giré a ver a los chicos que llevaban la barca y me dio pena en un principio. Iban sólo con el traje de baño, mojados hasta el último pelo de la cabeza, como un pajarillo mojado. Intentando divisar algo en el horizonte, alguna silueta, algún ruido en la lejanía, algo al fin y al cabo que le sirviera de referencia y seguir el rumbo correcto. Pero luego te pones a pensar y te das cuenta de que días como el de hoy estas ratas de mar habrán vivido más de uno y seguramente saben salir de una situación así.
El grupo de jóvenes de Bangkok iban todos de la mano, con un miedo en el cuerpo que no veas. Delante nuestro iba un señor mayor que era de Japón tiritando de frío y empapado de agua. La cara de aquel hombre era todo un poema. Marta se le ocurrió la genial idea de dejarle una toalla para que se la pusiese por encima y así calentarse un poco. Al principio no la quería, pero al final aceptó y se la puso por encima. Estuvo con ella 5- 6 segundos, porque al final se la devolvió a Marta como queriendo decir que no quería molestar. Pero aquellos 5-6 segundos que estuvo con la toalla, su cara le cambió por completo. Fue como cuando empiezas a entrar en calor que notas como va recorriendo todo tu cuerpo una sensación agradable y cálida...
Después de unos cuantos minutos eternos de navegar a ciegas prácticamente, sin ver nada de nada, y con las olas aún azotándonos junto con los rayos cayendo cerca, como un oasis en mitad del desierto, apareció la silueta de una roca, luego de otra, y otra más...y eso tranquilizó a más de uno, sobre todo a mí (seguro que a Marta también) Poco a poco, aquellas siluetas difuminadas en mitad de un mar bravío, fueron haciéndose reales, auténticas. De ese modo, el piloto de la barca, aunque estoy seguro que ya conocía el rumbo mucho antes de ver las rocas, pudo llevarnos hasta la última de las paradas. Seguía lloviendo a mares...
Phra Nang Cave y la Bahía de la Princesa (The Princess Bay)
Una cueva muy famosa, la casa del espíritu de una princesa respetada y benerada por los habitantes del lugar. Una península donde es un tanto difícil acceder en coche, pero un hermoso lugar para nadar en sus aguas, tomar el sol, sacar buenas fotos e incluso explorar...Orilla de Phra Nang Beach

Interior de la cueva. Los elementos fálicos son en honor al espíritu de la princesa que según cuentan son colocados para que les otorgue fecundidad y fertilidad a la persona que los ofrece.
Al llegar a la orilla, seguía lloviendo de lo lindo. Las barcas se detuvieron a unos metros de la orilla, por lo que tuvimos que descender con ayuda de una escalera directamente al agua, que estaba caliente, para poder ir a la orilla. Claro, mucha gente al estar tan caliente el agua, no quería salir de allí...y si que es verdad que daba pereza salir. Pero teníamos que ver la cueva, de lo contrario ¿para qué hemos ido?
La cueva, como otras que hemos visto, alberga en su interior una especie de altar dedicado, en este caso a un espíritu femenino. La historia de la cueva es poco más que esta: Parece ser que alguien pidió allí, en la cueva, quedarse embarazada y como lo consiguio pues llevo un pene alli a modo de ofrenda...y de ese modo, con el paso de los años, cada vez más y más gente ha ido llevando allí esas ofrendas en forma de pene...es como el santuario del pene ( la historia es algo asi, es que no preste mucha atencion).
Después de la visita a la cueva, y todo eso sin dejar de llover, emprendimos rumbo a la orilla para dar por finalizado el viaje.
Hasta aquí todo normal. Cuando uno creía que lo peor ya había pasado (la visita del monzón) todavía nos esperaba una última sorpresa....
La cortina de agua que se estaba creando hacía casi imposible poder tener los ojos abiertos, pues era tal la mala leche que traía el agua de la lluvia que se te metía a los ojos con tanta fuerza que no podías apenas ver. pero yo confiaba en nuestra rata del mar, en el piloto de la nave, y estaba seguro que sabría salir de esta.
Por la mañana, cuando se inició el viaje, salimos todos desde una playa, coincidiendo que estaba en marea baja, se formó un canal por el cual se pudo pasar. ahora, al regresar a la misma orilla de la mañana para dar por terminado el tour, la marea había subido, y claro, no se distinguía dicho canal, sino que todo estaba al mismo nivel. Teniendo en cuenta el fuerte viento que soplaba, lo que estaba pasando era que estaba desplazando a la barca hacia otro lugar y no a donde supuestamente estaba el canal. A pesar del trabajo para impedirlo de nuestro marinero experto en monzones, llegado el momento, somos testigos de otro contratiempo: A pesar de los esfuerzos y del intento por salir de ese apuro, nuestra barca encalló en un banco de arena. Aquello no iba ni para atrás ni para adelante, estábamos atorados en medio del mar, otra vez un percance.
Nadie se movía, nadie pestañeaba. ¿Cómo se iba a mover ni tan siquiera unos milímetros la barca con todo el peso que llevaba dentro? Los tontos de los japoneses y tailandeses que iban allí sólo se preocupaban por no mojarse...Claro, yo miraba al pobre muchacho, el piloto, que había bajado al agua con su compañero y con todas sus fuerzas intentaba empujar la barca e intentar moverla...sin resultado, claro. Usemos la cabeza, coño, no será mejor bajarse y ayudar, además de quitar peso a la barca, entre todos podremos moverla, digo yo...Un japonés que estaba detrás de mí, su mirada y la mia coincidieron y sin más los dos entendimos lo que nos decíamos con la mirada, nos levantamos al tiempo y nos fuimos a ayudarles, a intentar empujar...Pues fue bajarnos al agua y bajarse el resto de hombres...Las mujeres todas sentadas, bueno todas no, Marta bajó también, porque cuando estuve llamándola para que inmortalizara el momento con una foto, vi su cabeza al otro lado de la barca.
Es curioso, porque no entendía nada de lo que allí se hablaba, pero supe entender que lo que trataba de decir el chico era que había que mover la barca hacia la izquierda, sacarla del banco de arena, y poder enfilar camino a la playa...Lo logramos, al final entre todos, uniendo las fuerzas, y no esperando sentados un milagro, lo logramos y pudimos llegar a la playa, eso sí todos chorreando agua y con las manos y pies arrugados como pasas de tanto agua. A pesar de todo, seguía lloviendo, no había parado desde que empezó la tormenta ni un solo momento.
Total, que al llegar a la playa todos aplaudimos. Fue algo que salió sin más, como dándonos las gracias los unos a los otros por todo...Creo que alguien beso la arena de la playa al bajar, que cosas. En mi vida me había caido tanta agua encima como este día. Por mucho que os lo pueda contar, no es ni la mitad de lo que nosotros sufrimos en nuestras carnes, mojadas, eso si.
Total, que sin parar de llover, regresamos al hotel (gracias a Dios) y como al día siguiente poniamos rumbo a Bangkok y no habíamos podido disfrutar de la piscina del hotel, por si no habíamos tenido suficiente agua, nos metimos en la piscina a darnos un baño, eso si sin dejar de llover. Claro, el agua de la piscina estaba caliente que era un placer. Sin decirnos nada el uno al otro, Marta se fue nadando a un extremo de la piscina y yo al otro y allí estuvimos un buen rato. Al salir de la piscina confesamos que nos fuimos alli para hacer una cochinada que no se debe hacer en una piscina. hacer un pipí.
Nos dimos una ducha de agua caliente de esas que resucita a un muerto, nos pusimos ropa seca y nos fuimos al centro a cenar algo. Pero claro, seguía lloviendo y no teniamos un paraguas. pero ahora comprendereis el significado de la filosofía thailandesa. Hablando con el hombre de recepción, le dijimos que íbamos al centro a cenar algo y prontito a dormir. el hombre se levantó de la mesa, se dirigió a un rinconcito y nos trajo un paraguas. ¿Qué amable! pensé. Pero no termina aquí la cosa. Él estaba solo en el hotel, a esas horas estaba trabajando solo él. pues ni corto ni perezoso, nos invitó a subir al coche y con cara de alucinados nos miramos y aceptamos. Nos acercó al centro, nos dejó el paraguas y nos dijo que por favor llamaramos para que fuese a recogernos después de cenar. Ahora reflexionemos: ¿os imaginais a un españolito que haga lo mismo a unos turistas? Ni en pintura. Pues el hombre dejó por unos minutos el hotel, y nos acerc´´o amablemente al centro.
Fin de la historia. Y poco más, cenamos algo rápido y a dormir. El asunto del monzón nos dejó para poco más...Por cierto, la foto del inicio es el resultado de luchar contra el monzón...

